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El enemigo irreductible de los periódicos

Bertolt Brecht escribió que el enemigo irreductible de los periódicos no es el que no quiere más periódicos, sino el que quiere otros periódicos. El diario Madrid cerró por una resolución arbitraria de un gobierno al que no le gustaba aquel medio de comunicación, que pretendía reflejar en sus páginas las transformaciones tanto de mentalidad como de hábitos a los que asistía la sociedad española en la recta final del franquismo. Pero el país estaba cambiando, a pesar de que el antiguo régimen se negaba a reconocerlo, tal como los periódicos lo iban poniendo de manifiesto, no sin dificultades, en sus páginas. Sin embargo, el sector más duro del gobierno, alentado por la prensa oficial, no cejó en su empeño de clausurarlo y finalmente el ministro Alfredo Sánchez Bella firmó la orden de cierre, aprovechando una irregularidad administrativa. La voladura del edificio donde se editaba el Madrid figura en la colección de diapositivas mentales que el franquismo dejó en las mentes de los españoles, cruel metáfora del precio que los medios de comunicación han de pagar a veces por su libertad. Aquellos enemigos irreductibles de los periódicos ganaron una batalla pero la historia reconoce que pronto iban a perder la guerra.