Así nos veían

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La hermosa aventura del "Madrid"

Un signo de que estoy envejeciendo es que soy testigo y memoria viva de grandes acontecimientos históricos de los últimos años del franquismo y de toda la transición, de la elaboración de la Constitución y del funcionamiento del Parlamento desde la legislatura constituyente (1977-1979) hasta la segunda legislatura (1982-1986).

Uno de los primeros, y por ser más juvenil, de una hermosura grande, fue la etapa democrática del diario Madrid, que va desde septiembre de 1966 a noviembre de 1971, un poco más de cinco años de un tiempo muy intenso. Se vislumbraba en lontananza el final del franquismo, y aquellos hombres que querían estar en primera línea y contribuir a la transición, como "Triunfo" o "Cuadernos para el Diálogo". Pero ellos eran un diario y tenían más posibilidades.

Empezaron a contar conmigo para asesoramiento jurídico, y también hice algunas colaboraciones, no siempre con mi nombre, sino con el de Matías Alarcón, nombre y segundo apellido de mi abuelo materno. Defendí a Miguel Ángel Aguilar en un expediente y un proceso por un editorial que llevaba un inofensivo título, que hoy hubiera hecho sonreir: "La protesta no es siempre moralmente condenable". Entonces parecía que se hundía el mundo y que se atacaba el corazón del sistema, incapaz de resistir la menor crítica. Vino también "Retirarse a tiempo. No al General De Gaulle", en mayo de 1968, donde los suspicaces censores vieron un paralelismo de un mensaje que en realidad se refería al General Franco. Fraga, siendo Ministro de Información, le sancionó con cuatro meses de suspensión de la publicación.

Otra causa de gratitud hacia la memoria del Madrid y de todos los que lo hicieron posible fue su actitud ante el asesinato de Enrique Ruano por la policía. Fue el único que con cautela informó de la noticia. Entonces era casi una heroicidad.

Mi recuerdo a quienes lo hicieron posible, y a Antonio Fontán y a tantos periodistas que hicieron su andadura profesional y que enraizaron allí una idea moral del periodismo, desde Miguel Ángel Aguilar, Pepe Oneto, Alberto Míguez, José Vicente de Juan, Federico Ysart, Román Orozco o Chumy Chúmez, entre otros. También estaba allí Miguel Herrero.

Sánchez Bella, siendo Ministro, intentó nombrar un director, y como no lo consiguió porque lo rechazó la empresa y la redacción, canceló la inscripción de la empresa el 25 de noviembre de 1971. Los jueces, como tantas veces, hicieron verdad de una forma de ser: sumisos ante los dictadores, y críticos y libres en las sociedades democráticas.

Fue, en todo caso, una hermosa experiencia, que me permitió conocer muchas gentes nobles y honradas, y también, dentro y fuera, muchos comportamientos miserables. Como siempre, maldecir y aprovecharse en beneficio propio, o crear y poner una luz en la barricada, son las dos opciones posibles. Sólo la segunda vale la pena, y esa fue la del diario Madrid.