Así nos veían

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No lograron borrar su recuerdo

Hace ya treinta años que desapareció el diario Madrid y es de justicia recordar lo que significó el periódico eliminado por la censura franquista al que se quiso destruir la imagen incluso, físicamente, con la voladura del edificio. Pero no lograron borrar su recuerdo de la memoria de quienes apostaban por la libertad y por la democracia en España.
Eran años difíciles para quienes habían “optado por la tierra y perdido la libertad”. Salvador de Madariaga un día del mes de junio de 1962 al invitarnos junto con los exiliados que “habían optado por la libertad y perdido la tierra”, a buscar conjuntamente el camino que nos condujera a la España de la libertad.
Y en aquella década de los sesenta, en un clima de paroxismo nacionalista, cuando se levanta esa bandera de la libertad y de convivencia que fue el diario Madrid. Hay un grupo de empresarios, entre los que destacó Luis Valls Taberner que impulsa esta iniciativa, que permitieron a quienes desde el campo de la monarquía liberal se lanzaran decididamente a esa aventura.
Son sobre todo Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán quienes convocaron a distintos sectores de opinión y lograron reunir en las páginas del Madrid un amplio pluralismo de opiniones.
Rafael Calvo me dijo en 1962, cuando el “Contubernio de Munich”, que la historia la escribían los historiadores y la protagonizan quienes están en la acción política, pues bien, desde el diario Madrid se protagonizó y se escribió la historia de aquellos años. La Dirección del Madrid, que asumió Antonio Fontán, y su Presidente Rafael Calvo Serer consiguieron la colaboración de Dionisio Ridruejo, Gregorio Peces Barba, Joaquín Garrigues, Carlos Bustelo, Miguel Herrero, Joaquín Satrústegui, José Antonio García Díez, Antonio García Trevijano y un largo equipo de colaboradores.
La redacción formada por jóvenes periodistas, que luego brillaron con luz propia, crearon una de las primeras Sociedades de redacción. Este equipo de periodistas, colaboradores y directivos se conjuntaron perfectamente y consiguieron abrirse camino en aquel mundo proceloso de la censura y la consigna más o menos declarada. Asistí a alguna de aquellas reuniones de redacción que se abrían a iniciativas y temas de actualidad.
Desde el diario Madrid se iniciaron con decisión nuevas formas de tratar viejos problemas soterrados y esquivados por su “peligrosidad”: orden público, problemas universitarios, regionalismos, asociaciones políticas, etc… que la clase política franquista evitaba evocar, y que iban surgiendo en las páginas del Madrid.
En especial merece destacarse la línea de adhesión y fidelidad dinástica frente a la desdibujada Monarquía que deshojaba el General Franco sometida a su continuidad vitalicia en el poder.
Tanto Calvo Serer, como Fontán y Valls Taberner, formaron parte del Consejo Privado de Don Juan de Borbón. Con Antonio Fontán coincidí varios años en Estoril al lado de quién considerábamos nuestro Rey y más tarde en 1978, también junto a Fontán, tuve el honor de firmar la Constitución de la Monarquía parlamentaria.
El Madrid “el más liberal de los periódicos españoles” como define el historiador Juan Pablo Fusi, se destacó por su lealtad y coherencia en la defensa de los derechos de Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona.
Hay un editorial en julio de 1969 con motivo de la designación por el General Franco de su sucesor a título de rey que probablemente fue su sentencia de muerte y el origen verdadero de su desaparición y posterior voladura.
La defensa de la legitimidad monárquica que mantuvo el diario no era tanto un problema de prioridades dinásticas como de desligar la monarquía “instaurada” por el General Franco de las Leyes Fundamentales en las que quería colocar al Rey “atado y bien atado”.
De ahí que los argumentos del Madrid en la defensa de la línea y orden sucesorio tuvieran un trasfondo eminentemente político y lo que estuviera en juego fuera sobre todo la legitimidad democrática.
Si la Constitución de 1978 no hubiera concretado en su artículo 57 que el Rey Don Juan Carlos I de Borbón era el legítimo heredero de la dinastía histórica, la Institución monárquica hubiera quedado “colgada” de unas Leyes Fundamentales que se reclamaban herederas directas de la victoria de una guerra civil que se pretendía superada.
Ese equipo de periodistas y políticos que hicieron posible la presencia viva de un diario libre e independiente en una etapa de controles gubernativos y dependencia ideológicas cerradas, merece el recuerdo y la adhesión de quienes vivimos aquellos años y de los que disfrutan hoy los valores por los que el diario Madrid tanto se esforzó en recabar.
Y se me ocurre pensar que no sería mala cosa que nuestra Corporación Municipal tuviera algún gesto en recuerdo de aquel diario que llevó en su cabecera el nombre de la capital de España y desapareció víctima de su empeño en mantener sus ideales que se encuentran hoy encarnados en la monarquía parlamentaria de Don Juan Carlos I de Borbón y por la Constitución. Así sea.